Nuestras primeras y más importantes credenciales, desde la cuna, son nuestros nombre y apellidos. Nuestra historia, la particular, es la de nuestra familia y nuestros antepasados.
Este sustrato familiar sujeto al contexto histórico en que vivieron y vivimos, forman un todo que crea nuestra identidad, única e irrepetible.
Seguramente en más de una ocasión nos hemos interesado por historias ajenas: personas que admiramos, contemporáneas o históricas ¿porqué no preguntarnos por la nuestra propia?.
Conocer nuestra historia, perpetuarla en la memoria, es un sentido y merecido homenaje que hacemos a los nuestros: a los de antes, a los presentes y a los futuros.
